Meditación para aquellos que se sienten cansados y agobiados

Actualizado: abr 2


Imagen recuperada de Creative Commons only


Por: Wanda Pérez Carcador


Selecciona un lugar tranquilo, donde puedas sentarte cómodamente. Cierra tus ojos

profundamente y realiza 13 respiraciones abdominales profunda y lentamente. Al concluir cada respiración, sostén el aire por breves segundos y llama al padre que te creó diciendo

suavemente la palabra Jesús.


1. Cierra los ojos y concéntrate solamente en tu respiración. Coloca tu mano derecha sobre tu abdomen. Inhala y exhala lentamente.


2. Si tu mano sube y baja con cada respiración lo estás haciendo correctamente.


3. Para liberar el estrés inhala solo por la nariz, sin hacer ruido. Si logras oír tu respiración, esto solo indica que la estás forzando. Repite este ejercicio hasta que no escuches el ruido de tu respiración.


Llama a Jesús y dile: Jesús estoy aquí. Visualizo en mi mente el lugar que prometiste me daría paz interior. Este lugar es hermoso. Estoy sentad(o)a junto al mar y te siento junto a mí. Las olas van y vienen, el sol brilla en el firmamento y siento la suave brisa que acaricia mi rostro.


El cálido sol brilla al derredor y se posa sobre mi cabeza. El calor es muy fuerte en mi coronilla.

Siento el vapor del aire que toca mi rostro. Mi mente se relaja. En el trajín del diario vivir no me di cuenta de que estaba tan cansad(o)a. Me recuesto sobre la arena; y mi mente se transporta hacia ti, Dios.


Cuantas veces pensaba en ti y trataba de imaginar cómo sería tu rostro. En esta paz que siento hoy deseo verte. Me sonríes. Sé que eres tú. Tú y solo tú me conoces. Señor, tú conoces mi necesidad y me pides que te cuente los deseos de mi corazón, sin miedo.


Mi cuerpo se transporta hacia el cielo azul. Camino sobre las blandas y suaves nubes y ahí

estas, sentado en tu trono divino. Me pides que me siente a compartir contigo.

(Cuéntale todo a tu Señor; tus fracasos, tus miedos, tu dolor más profundo; lo que te alegra, lo que amas y lo que sueñas).


Jesús, estás tan feliz porque vine a visitarte. Tomas mis manos, me besas en la mejilla y me abrazas como un padre amoroso. Yo también te abrazo con el mismo amor y te digo: ¡Gracias por que me amas mucho! ¡Yo te amo mucho! ¡Manifiéstate en mi vida, cuida mi mente y mi cuerpo! ¡Pídele también a mi madre María, que te cuide como su pequeño hijo(a)!


Entonces Jesús, me dice; ¡Mira, aquí está mi madre! Háblale y pídele lo que quieras. Entonces, abrazo a mi madre. Me mira tiernamente y me dice: ¡No sientas miedo! ¡Yo siempre estoy

contigo al igual que mi hijo! Cuando la duda te arrope, piensa que mi túnica sagrada te arropa y te libera de todo mal.


Ya es tiempo de marcharme. Le dije a mi padre Jesús y a mi madre María: ¡Gracias por darme este espacio y de su tiempo! y ¡Gracias por la vida y el amor!

Lentamente desciendo de las nubes y regreso nuevamente a la orilla del mar. Respiro profunda y lentamente durante 5 veces. Sé que mi vida es lo que debe ser y estoy donde debo estar. Miro al futuro con optimismo, pues Dios está a cargo.


Abre ahora tus ojos y piensa que lo mejor está por venir. Busca tu biblia en el Salmo 18(17): Un liberador da Gracias a Dios. Ora este salmo silenciosamente.


Pide a Jesús que en medio del ruido de este mundo que no conoce su amor, ni lo que habita en el interior, le hable a tu mente y corazón, y de orden divino a todo tu ser.


¡Que la paz del Señor nos cubra y nos guarde en lugar seguro!

Amén

36 vistas0 comentarios